09/11/2021

Pedro Navarro, Conde de Oliveto


Este singular personaje de vida novelesca, da nombre a la corta avenida que une la plaza del Príncipe de Viana con la actual plaza de la Paz. Se le impuso este nombre en la sesión del Ayuntamiento de 21 de mayo de 1930, tras presentar la moción el propio alcalde, José María Landa, que recordó al pleno que continuaba sin nombrar el trozo de vía que unía la prolongación de la entonces Avenida de Alfonso XIII con los cuarteles. Y así se hizo, de manera no muy lógica, pues más que Conde Oliveto, se debía haber llamado Pedro Navarro, Pedro de Roncal, nombres que adoptó en Italia, o el suyo original, Pedro Bereterra.

Al parecer, nació en Garde (Navarra) hacia 1460, y marchó pronto a Italia, donde entró al servicio del cardenal Juan de Aragón, con el que permaneció hasta 1485. Tras la muerte de su protector, se alistó en el ejército florentino que luchaba contra Génova. Allí adquirió una gran destreza en el manejo de la artillería, alcanzando tal maestría que se le considera entre los mejores ingenieros militares de su época, e inventor y perfeccionador de las minas terrestres.

Luego, a las órdenes de Antonio Centelles, se dedicó a la piratería hasta que su patrón fue apresado por el emperador turco y ejecutado, y él mismo herido de un arcabuzazo.

Sus habilidades marítimas y artilleras llamaron la atención del Gran Capitán, que lo incorporó a su ejército, que luchaba en Italia contra Francia. Se dice que lo hizo ante la disyuntiva de alistarse o ser ejecutado, lo cual nos da la medida de la intensidad del carácter del roncalés.

Tuvo gran éxito en las campañas que concluyeron con las victorias de Ceriñola, Cariñano y la toma de Nápoles, por lo que en 1503, el Gran Capitán consiguió de Fernando el Católico que lo nombrase conde de Oliveto en los Abruzzos.

En 1507 volvió a España reclamado por Fernando el Católico, y consiguió una rápida victoria contra la nobleza amotinada en Burgos. El monarca, a instancias del cardenal Cisneros, decidió comenzar grandes acciones bélicas contra los piratas berberiscos y sus bases norteafricanas. El cardenal fue nombrado jefe de las operaciones, pero acabó retirándose, dejando a Navarro como autoridad militar principal. Se tomaron Mazalquivir, Orán, Bujía y Trípoli, y los reyes de Túnez y Argel se sometieron a la corona española. Su estrella comenzó a declinar tras el desastre de los Gelves en 1510. Desilusionado por las derrotas, abandonó esa campaña, para incorporarse de nuevo a la guerra en Italia en 1512, bajo las órdenes del virrey duque de Cardona. En la batalla de Rávena resultó herido y hecho prisionero por los franceses. Navarro intentó que se pagase su rescate o que se resolviera diplomáticamente, pero no lo consiguió y cambió sus lealtades, entrando al servicio de Francisco I y devolviendo el título de conde Oliveto (que pasó el virrey Cardona, cuyos descendientes aún lo poseen). Navarro participó con los franceses en las campañas del Milanesado, con un cierto éxito.

Una vez acabada la guerra y sin ocupación, volvió a la piratería durante un par de años, y consiguió del papa y de Francisco I que le financiases unas campañas contra los corsarios, ambas empresas que concluyeron sin éxito.

En 1520 se sintió marginado por el rey de Francia e intentó aproximarse al emperador, a Carlos V, para conquistar Génova en su favor, pero su petición no fue atendida. Así, cuando se reanudaron las guerras en Italia, volvió al lado francés y participó en la defensa de Génova. En 1528, se dirigió con una flota a Nápoles, que se enfrentó con la española mandada por Andrea Doria, y puso sitio a la ciudad. Fue hecho prisionero por segunda vez, esta vez por los españoles, y encerrado por orden imperial en el Castilnuovo.

Pedro Navarro murió ese mismo año en el castillo en circunstancias poco claras y fue enterrado en la iglesia de Santa María la Nova. Años más tarde, un nieto del Gran Capitán, mandó erigir un monumento funerario, en el que se labró este epitafio:

OSSIBUS ET MEMORIAE

PETRI NAVARRI CANTABRI

SOLERTI IN EXPUGNANDIS URBIBUS ARTE CLARISSIMI

GOLSALVUS FERDINANDUS LUDOVICI FILIUS

MAGNI GONSALVI NEPOS SUESSAE PRINCEPS

DUCEM GALLORUM PARTES SECUTUM

PIO SEPULCRI MUNERE HONESTAVIT

QUUM HOS IN SE HABEAT PRAECLARA VIRTUS

UT VEL IN HOSTE SIT ADMIRABILIS

OBIIT AN. 1528. Aug.28

[A los restos y la memoria del cántabro Pedro Navarro, destacadísimo en el arte de expugnar ciudades. Gonzalo Fernández, hijo de Luis, nieto del gran Gonzalo, Príncipe de Sessa, honró con el piadoso obsequio de un sepulcro al caudillo que siguió el partido de los franceses, pues  el valor preclaro debe ser admirado hasta en el enemigo. Murió en el año 1528. Agosto. 28.]